lunes, 16 de agosto de 2010
Desde arriba
jueves, 22 de julio de 2010
Las enseñanzas
Siempre he valorado que mis padres, especialmente mi mamá (por no decir que fue sólo ella) me enseñen cosas de la vida, me aconsejen y me adviertan de ciertas situaciones. Pero hay que tener cuidado; ellos son más sabios pero no perfectos, así que no hay que tomar como ciertos sus consejos, sólo hay que tenerlos en cuenta. A continuación les contaré mi experiencia desagradable y lo que me está haciendo sentir mal en este minuto.
Todo comenzó cuando le informé a mi mamá que, en el caso que nadie me acompañara, me iría unos días a mochilear sola al norte. Su reacción fue como la que toda madre tendría, pero hay que tener en cuenta que la mía es súper exagerada y sobre protectora. A partir de ese minuto me empezó a repetir lo que siempre me ha dicho, sobre las malas intenciones de la gente. Cuando le dije que me iría con Carolina Lamatta (compañera de la universidad) y una amiga de ella, se tranquilizó un poco, pero no desistió de su idea negativa y desconfiada de las personas.
Al principio del viaje al Valle del Elqui, actué teniendo en cuenta los consejos de Marytere, además siempre he mirado con desconfianza y un poco de miedo a las personas con menos educación que yo (siempre he estado consciente que está mal pero no lo puedo evitar). Todo iba bien, hasta que me percaté que debíamos hacer dedo desde Montegrande hasta Cochiguaz (exactamente hasta el camping Río Mágico) porque no pasan buses ni micros. Ahí empezó el miedo y supe que debía ceder en cuanto a mi percepción de la vida, ya que tenía que confiar en la persona que nos llevaría a nuestro destino.
En el paradero de micro (donde nos dejó el último bus) nos habló un señor que nos había visto en el terminal de La Serena, y ofreció llevarnos hasta el camping porque lo irían a buscar en una camioneta de su trabajo. Aceptamos agradecidas, pero en un acto de cobardía e intentar ganar respeto, inventé que éramos boxeadoras (jajajaja). Resultó que el señor fue súper buena persona con nosotras, fue amable, generoso y preocupado, ya que habló con su jefe para que nos fueran a dejar hasta donde íbamos, ya que ellos no llegarían hasta ahí. También ofreció irse en el pick-up de la camioneta para que a nosotras no nos diera frío, ya que se subieron más maestros al auto y no cabíamos todos dentro de la cabina (lógicamente nosotras no aceptamos, pero valoramos el gesto).
En el transcurso de los días, nos topamos hartas veces con los amigos que habíamos conocido en la ruta y fueron muy amables, especialmente al que conocimos en el paradero de micro de Montegrande, quien siempre se mostró preocupado por nosotras por el frío que hacía en las noches en el lugar.
Ese es un caso entre muchos que ocurrió en el Valle del Elqui, que hicieron darme cuenta que la gente es buena y no hay necesidad de desconfiar del resto sólo porque unos pocos no actúan así. Hicimos dedo muchas veces en ese lugar, y los únicos que nos llevaron fueron los maestros y gente que vive ahí, en cambio una vez que lo hice en Pucón hace un par de años y nos llevaron unos cuicos, se portaron pésimo (no quiero ni recordar esa situación). Ojo, no estoy otorgando estos ejemplos para decir que la gente más humilde es mejor persona, pero sí digo que los estratos socio-culturales no lo debemos relacionar con actos. Es algo que tal vez la mayoría de ustedes lo piensa, yo lo sabía, pero nunca lo había puesto en práctica. Ahora me siento súper mal por haber desconfiado de tanta gente sólo por su procedencia.
domingo, 11 de julio de 2010
Mi bienvenida al mundo bloguístico
En el transcurso de estos años he escrito bastantes reflexiones como “En contra la madre negra” y otros estilos, pero como no fueron escritas para un blog, contiene información privada que me niego a compartir, así que ahora voy a intentar censurar un poco lo que digo (aunque es muy difícil para mí), no en el sentido de las ideas, si no que reflexiones a partir de cosas que me han contado o que me han pasado a mí. Se que el título de este minuto de mi blog es “Libertad en un par de líneas”, pero tampoco se trata de divulgar situaciones que me cuentan.
También quiero aclarar que me hice este blog como una forma de expresar lo que voy sintiendo, ya que a veces mareo a mis amigos comentando lo que me perturba y me preocupa. Sí, esto lo voy a tomar como un monólogo para no sentirme sola en esta cuidad fría y poco acogedora (exceptuando a mis amados amigos que sin ellos no estaría lejos de mi familia).
Muchos saludos a los que leen. Si quieren comentar, háganlo con toda libertad. Sean felices y encuéntrenle un sentido a la vida (yo estoy en eso).
En contra la madre negra
El poco amor propio es símbolo de debilidad, y el que es débil está cagado, termina como una estampilla en el suelo y sucia, pero luego puesta sobre una mesa, sin embargo aún sigue mal herida. Es que el resto lo pasa a llevar con burlas, pelambres, la no aceptación de un grupo y que la ignoren. Esa persona queda en el suelo, queriéndose menos de lo que se quería, y es cuando la madre negra se siente poderosa, superior al resto, pero el grupo intenta levantar a esta estampilla, porque, ¿Cómo son tan malos de herir a una persona? Esa es la explicación de porqué no es contradictorio el egocentrismo con el poco amor propio: se trata de hundir al resto para la victoria, y así quererse un poco más.
Hacia el trabajo, universidad o colegio, y luego a casa. Son dos viajes hacia destinos fijos, que a pesar de ser una ciudad grande, se pasan rápido. Gente que camina aceleradamente, gente que no se conoce y tal vez nunca lo hará, sin embargo los une un mismo trayecto. No se miran, escuchan, ni se dan cuenta quien está al lado. A veces, una persona intenta romper con esta helada sociedad, saliéndose de la rutina. Una sonrisa, un saludo o una mirada de una persona rosa, y el repudio de los demás. No se acepta el más mínimo gesto de cortesía o intento de hacer el día más grato para los demás.
Las personas rosa son los que han comprendido que estar enojados todo el tiempo por errores o cosas malas, no vale la pena. Sino, que hay que buscar con optimismo una solución a esos problemas, y si no la hay, aceptarlo. Personas que han entendido que, no por ser rosas van a ser bellos, sino que tienen que proyectar la belleza. Alguien que no piense que es lindo, nunca lo va a ser. Personas que cuando cometen errores, no necesariamente le piden perdón a un dios, sino que piden perdón a los demás, y, lo más importante, a sí mismo. Combatiendo la madre negra, se elimina también a todas las problemáticas sociales que nos aquejan: la envidia, el tratar de hundir al resto y el egocentrismo. Es decir, las personas rosas son amantes de la vida, y por ello la disfrutan como si fuera el último día.
Algunas veces se encuentran en un mismo sitio dos de ellos, dos personas rosa, y sienten una mutua energía, acompañada de una sonrisa o mirada amistosa, que hace pensar en cómo hablarle, pero la madre negra ha hecho muchas heridas, incluso a las personas rosa, y ellas no se creen capaces ni seguras de sí mismas para entablar una conversación. Porque, aunque muy rosas sean, no son blancas, no son perfectas.