jueves, 22 de julio de 2010

Las enseñanzas

Siempre he valorado que mis padres, especialmente mi mamá (por no decir que fue sólo ella) me enseñen cosas de la vida, me aconsejen y me adviertan de ciertas situaciones. Pero hay que tener cuidado; ellos son más sabios pero no perfectos, así que no hay que tomar como ciertos sus consejos, sólo hay que tenerlos en cuenta. A continuación les contaré mi experiencia desagradable y lo que me está haciendo sentir mal en este minuto.


Todo comenzó cuando le informé a mi mamá que, en el caso que nadie me acompañara, me iría unos días a mochilear sola al norte. Su reacción fue como la que toda madre tendría, pero hay que tener en cuenta que la mía es súper exagerada y sobre protectora. A partir de ese minuto me empezó a repetir lo que siempre me ha dicho, sobre las malas intenciones de la gente. Cuando le dije que me iría con Carolina Lamatta (compañera de la universidad) y una amiga de ella, se tranquilizó un poco, pero no desistió de su idea negativa y desconfiada de las personas.


Al principio del viaje al Valle del Elqui, actué teniendo en cuenta los consejos de Marytere, además siempre he mirado con desconfianza y un poco de miedo a las personas con menos educación que yo (siempre he estado consciente que está mal pero no lo puedo evitar). Todo iba bien, hasta que me percaté que debíamos hacer dedo desde Montegrande hasta Cochiguaz (exactamente hasta el camping Río Mágico) porque no pasan buses ni micros. Ahí empezó el miedo y supe que debía ceder en cuanto a mi percepción de la vida, ya que tenía que confiar en la persona que nos llevaría a nuestro destino.


En el paradero de micro (donde nos dejó el último bus) nos habló un señor que nos había visto en el terminal de La Serena, y ofreció llevarnos hasta el camping porque lo irían a buscar en una camioneta de su trabajo. Aceptamos agradecidas, pero en un acto de cobardía e intentar ganar respeto, inventé que éramos boxeadoras (jajajaja). Resultó que el señor fue súper buena persona con nosotras, fue amable, generoso y preocupado, ya que habló con su jefe para que nos fueran a dejar hasta donde íbamos, ya que ellos no llegarían hasta ahí. También ofreció irse en el pick-up de la camioneta para que a nosotras no nos diera frío, ya que se subieron más maestros al auto y no cabíamos todos dentro de la cabina (lógicamente nosotras no aceptamos, pero valoramos el gesto).


En el transcurso de los días, nos topamos hartas veces con los amigos que habíamos conocido en la ruta y fueron muy amables, especialmente al que conocimos en el paradero de micro de Montegrande, quien siempre se mostró preocupado por nosotras por el frío que hacía en las noches en el lugar.


Ese es un caso entre muchos que ocurrió en el Valle del Elqui, que hicieron darme cuenta que la gente es buena y no hay necesidad de desconfiar del resto sólo porque unos pocos no actúan así. Hicimos dedo muchas veces en ese lugar, y los únicos que nos llevaron fueron los maestros y gente que vive ahí, en cambio una vez que lo hice en Pucón hace un par de años y nos llevaron unos cuicos, se portaron pésimo (no quiero ni recordar esa situación). Ojo, no estoy otorgando estos ejemplos para decir que la gente más humilde es mejor persona, pero sí digo que los estratos socio-culturales no lo debemos relacionar con actos. Es algo que tal vez la mayoría de ustedes lo piensa, yo lo sabía, pero nunca lo había puesto en práctica. Ahora me siento súper mal por haber desconfiado de tanta gente sólo por su procedencia.